De la tierra y la tradición al oro líquido: Tres generaciones, un olivar y la excelencia de Palacio de los Olivos
- Ángel Galeote

- hace 6 días
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Actualizado: hace 4 días
La visita a Daimiel se cerró con un paseo por la almazara de Palacio de los Olivos.

Al entrar en el olivar, la majestuosidad del paisaje nos envuelve. Una explanada dorada nos recibe bajo un cielo abierto, y la mirada se pierde en la amplitud tranquila de hileras de olivos que se extienden hacia el horizonte, custodiados por la tierra rojiza y cálida que habla de tradición y de esfuerzo.
El aire acaricia las copas verdes, que parecen danzar con la luz del atardecer, pintando un escenario de verdes, ocres y azules, fragmentándose en matices que cuentan la historia viva del campo.

La almazara, anclada al corazón de este paraje, se alza como testigo del trabajo de generaciones.
Su presencia imponente es refugio y fábrica, unión de tecnología y tiempo, donde la naturaleza y la mano humana se unen para transformar el fruto en oro líquido.

La sensación que invade es la de entrar en un territorio de grandeza, donde cada color y cada aroma evocan el carácter, la constancia y el respeto por la tierra.
Aquí, el pasado y el presente se mezclan en cada surco y cada piedra, transmitiendo el pulso de una familia y un pueblo que han convertido la tierra en tradición y la tradición en excelencia.

Olivapalacios S.L. es un proyecto familiar que transformó un terreno que llevaba más de 35 años dedicado a cultivos como la cebada en un gran olivar de casi 300 hectáreas.
Con mucho esfuerzo y visión de futuro, la familia Mora decidió reconvertir esas tierras en un olivar, plantando olivos hace unos 12-13 años y creando una almazara que cumple ya 11 años de actividad.

Raúl Mora, artífice del cambio, arquitecto de formación, estudió en profundidad todo lo relacionado con el aceite de oliva para fundar una empresa moderna, tecnológica y sostenible que produce Palacio de los Olivos, un aceite de oliva virgen extra de excelente calidad y reconocido internacionalmente por su pureza y sabor excepcional.

El proceso de producción demuestra el compromiso con la calidad y sostenibilidad.
La recolección de las aceitunas es estratégica: se prefieren cosechas tempranas para obtener un aceite con mayor concentración de polifenoles y antioxidantes, que mantiene su característico amargor y picor, atributos muy valorados en la variedad Picual.
Aunque se sacrifica un poco de rendimiento para priorizar la calidad, el resultado es un producto gourmet apreciado en España y en el extranjero.

La aceituna es recibida en tolvas especiales que separan órganos como hueso y orujo, reutilizando el hueso para generar energía en la caldera.
En la planta, la aceituna pasa por cribadoras y sopladores que eliminan hojas, piedras y ramillas.

El proceso de limpieza de la aceituna se realiza usando cintas transportadoras alimentarias que separan las ramas y hojas mediante un sistema de soplado mecánico.
Las ramas y hojas recogidas se reutilizan como abono.
Las aceitunas limpias continúan por las cintas hasta la báscula para ser pesadas y registradas, asegurando la trazabilidad y evitando su apilamiento.
Desde la recolección hasta la entrada en el molino pasa muy poco tiempo para preservar la calidad. La almazara considera que no es necesario lavar las aceitunas, ya que provienen directamente del árbol y no se busca alterar el proceso sensorial añadiendo agua.
La capacidad de procesamiento puede alcanzar hasta 3.500 kg por hora o 2.000.000 kg por campaña.

Durante la extracción en el decanter, se separa aceite, agua y residuos sólidos, obteniéndose un aceite limpio que se lava y filtra suavemente para conservar su pureza y propiedades naturales.

El aceite se almacena en decánteres grandes para permitir la decantación natural del agua residual antes del filtrado final con placas de celulosa.

Finalmente, se envasa en formatos adaptados a la demanda. Actualmente, la empresa ofrece múltiples opciones de envasado para responder a diversas necesidades del mercado.

Para aprovechar la comodidad y volumen, dispone de latas de 3 litros, y lotes de botellas de 250 ml y 500ml.

Además, para quienes buscan una presentación más exclusiva, se cuenta con un formato premium o de lujo que incluye la opción en capacidad Magnum.
Ideal para consumidores que valoran la calidad y la elegancia en el envase. Este formato Magnum representa una propuesta distinguida que también forma parte de la gama de productos del catálogo.

Actualmente, el aceite Palacio de los Olivos puede adquirirse en tiendas gourmet de Madrid, grandes almacenes como El Corte Inglés, Sánchez Romero y Carrefour, así como a través de la página web de la empresa con un servicio ágil que permite entregas en 24 a 48 horas.


Este éxito es fruto de una visión familiar y un trabajo constante que han permitido transformar unas tierras tradicionales dedicadas a cereales en un olivar de referencia mundial, trabajando con respeto al medio ambiente, tecnología avanzada y amor por el aceite de oliva virgen extra de máxima calidad.

Resulta imposible caminar por este olivar y no sentir el peso y la belleza de la tradición.
Tuvimos el privilegio de conocer al creador del proyecto familiar, al arquitecto visionario que lo impulsó, y a la nueva generación, representada por Raúl Mora JR, quien ahora continúa el legado con energía y conocimiento renovados.
Escuchamos de su propia voz cómo se vive la transformación del fruto desde la recogida, pasando por cada etapa de limpieza, lavado, molienda, batido, decantación, centrifugado y filtrado, hasta el envasado y la llegada a la tienda para su venta, cuidando en cada paso la excelencia y el respeto por la tierra.

Observando su mirada se entiende que la tradición y el esfuerzo de toda una vida, forjados en tres generaciones dedicadas a la tierra, hunden sus raíces no sólo en el suelo rojizo del campo, sino en la experiencia y los valores de una familia.

Es una joven experiencia, pero madura e intensa, nutrida de pasado y de futuro, capaz de definir con pasión lo que la tierra, el trabajo y el respeto por el origen significan en cada gota de aceite producida aquí.

Así se vive y se transmite, renovando la esperanza y el compromiso en cada campaña y en cada botella que llega al consumidor, llevando consigo historia, esfuerzo y calidad genuina.

Os invitamos a subir y descubrir un legado vivo, donde cada rincón del olivar y cada piedra de la almazara te conducirán a reconectar con los principios esenciales que nos unen a la tierra. Aquí, el esfuerzo se transforma en belleza y el amor por los frutos se funde en cada aroma, en cada color, y en cada gota de aceite.
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