"El Fandango del Vino: Danza Eterna en Wine Fandango - Logroño"
- Ángel Galeote

- hace 20 horas
- 3 Min. de lectura
Hemos tenido el placer de visitar Wine Fandango, el templo del vino en Logroño.

Un lugar de referencia donde la gastronomía se entrelaza con más de seiscientas etiquetas de vino, creando un universo para quienes aman el arte de la buena mesa.

Porque, no lo olvidemos, quien mejor conoce lo que gusta es siempre aquella persona que lo pone en tu mesa, quien convierte su pasión en la tuya y hace de cada instante una pequeña celebración.

A menudo, cuando recomiendas un restaurante, no llegas a saber si tu consejo fue certero.
Pero cuando quienes te escucharon te agradecen con entusiasmo y te dicen que ha sido una experiencia inolvidable, algo bueno ocurre. Y si eso sucede una y otra vez, es que allí hay algo verdaderamente especial.

Así descubrí Wine Fandango hace ya varios años, y por supuesto, en nuestra ruta por España no podíamos marcharnos sin volver a verlos.

Logroño tiene rincones que no necesitan anunciarse; se descubren. Wine Fandango es uno de ellos.
Un templo donde el vino danza, la cocina respira y el servicio convierte la rutina en un arte.

Más de seiscientas referencias dormitan allí, esperando el momento justo de despertar en copa, de contar su historia entre murmullos de cristal y miradas cómplices. Porque el vino, como la vida, necesita un intérprete.

Y en Wine Fandango, esa figura tiene nombre propio: Jano, metre y sommelier, quien en cada gesto deja ver que servir es también un acto de amor.
Tuvimos la fortuna de verle orquestar su sala, de escuchar cómo fluía la música invisible de un lugar donde cada detalle parece responder a una coreografía secreta.

La llegada de un Gran Reserva 2005 Hacienda López de Haro Classica fue la nota de apertura, un prólogo que anunciaba que aquella tarde sería distinta.

El servicio se movía con la cadencia de un vals, un baile perfecto entre el gran equipo de Wine Fandango y un cliente tan diverso como el vino mismo: generaciones que se cruzaban, acentos que se fundían.

Los comensales brindaban sin prisa, como si el tiempo se hubiera detenido entre los aromas del Rioja. Frente a mí, un grupo de jóvenes celebraba la vida con vino y conversación; a un lado, un caballero maduro degustaba su copa con una solemnidad casi litúrgica; y más allá, tres extranjeros buscaban orientación entre sonrisas, encontrando en la voz pausada de Jano el idioma universal del vino.

Hubo un instante —breve, perfecto— en el que todo se detuvo. El bullicio se transformó en silencio, la sala respiró al unísono. Era como si el vino uniera a todos, trazando puentes invisibles entre mesas, idiomas y generaciones.

Wine Fandango hacía honor a su nombre: un baile de sabores, servicios y sensaciones que giraba sin descanso, ligero y preciso, en esa coreografía donde cada cliente encontraba su lugar.

Le pedí entonces a Jano que, de entre las más de seiscientas referencias, eligiera los tres blancos que él consideraba los mejores. Él los seleccionó con esa maestría suya, y allí estaban, capturados en foto: los tres mejores vinos blancos, promesa de un maridaje que une sabiduría y elegancia.

Porque lo que nació en Wine Fandango no fue solo admiración, sino también promesa: la de seguir buscando, copa tras copa, ese punto exacto donde la pasión se convierte en arte.

Y justo al despedirnos, tuvimos el placer de conocer a Sugai Larrazabal, jefe de cocina y director, uno de los artífices de la sinfonía de platos que desfilaron por Wine Fandango.

Sin duda, junto a Jano y su equipo hacen que lo excepcional sea sublime.

Nos fuimos con la promesa de que en el próximo reportaje descubriremos su cocina!! con una mesa exclusiva y reservada para Madrid...
Continuará...
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