top of page
IMG-20241108-WA0033.jpg
Interview_edited (1).webp
1000146125-removebg-preview (1).png
  • Facebook

Hacienda Albae, memoria viva del vino manchego- Ciudad Real

  • Foto del escritor: Ángel Galeote
    Ángel Galeote
  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura

En un lugar de La Mancha de cuyo nombre sí queremos acordarnos, un fin de semana nos llevó entre luces tempranas, brisas de invierno y carreteras secundarias a descubrir el alma líquida de Ciudad Real, con sus posadas, sus almazaras en Bolaños de Calatrava… y, al final del camino, el mundo del vino en Hacienda Albae en Argamasilla de Alba.


 

En el camino hacia la bodega, un gran portón reflejaba  el poderío de una hacienda que marcaba el destino de llegada, junto a un hotel que, entre los viñedos, acompañaba  imponente y sereno al visitante, anunciando con su presencia el carácter del lugar que estábamos  por descubrir.



Tras visitar campos de olivos y oler a molino recién despierto, la ruta cambió de color al divisar las viñas que abrazan la finca.

 


Una gran finca donde el viñedo está tan cerca de la bodega que la uva casi entra corriendo a refugiarse del sol.

 

 

Una de las sorpresas que más nos asombró y admiramos fue ser recibidos por una recepción exquisita, y por  un joven de apenas 21 años, quien con pasión sentida y conocimiento profundo nos guio por cada rincón de la bodega, ofreciéndose a contar su historia con un fuego que infunde esperanza: Sintiendo que  hay un futuro brillante, un legado que jamás se perderá, gracias a esta juventud poderosa y magnífica que estudia, se forma y crece al servicio del vino.


 


Solo por apostar por esa tradición viva, Hacienda Albae merece todo nuestro respeto, no solo por su manera de pensar y su herencia, sino por el excelente vino que tuvimos el placer de degustar.

 

 

Allí trabajan unas 200 hectáreas de viña dentro de una finca de 750 Has con variedades que van del autóctono Tempranillo a uvas menos habituales como Malbec o Viognier, favorecidas por el acuífero 23 y la cercanía de las Lagunas de Ruidera.



 

Entrar en la nave de fermentación es cruzar la frontera entre el campo y la técnica: depósitos troncocónicos para tintos y rosados, camisas de frío y un control continuo de densidades, temperaturas y multitud de factores que suenan a ritual.

 


De aquí salen 120.000 botellas al año,  cuya gran parte se exporta a más de 20 países, pero también con presencia en la capital  a través de multitud de tiendas   en Madrid que muy pronto conoceremos.

 



Abajo, jaulones con botellas reposando, barricas criando Cabernet, Malbec o blancos premium, huevos de microoxigenación afinando texturas, y la sacristía guardando añadas desde 2006: de Hacienda Albae vintage a Grand, Diablar o el 888. 

 



Al salir al viñedo, con el sol sobre Chardonnay y Tempranillo, Daimiel y Bolaños quedaron como prólogo de un fin de semana donde el aceite abrió boca, el vino fue clímax y Hacienda Albae, con su juventud al frente, un lugar al que siempre querrás volver.




Muy pronto volveremos para descubrir mucho más de esta gran bodega y de las personas que hay detrás de tanta exquisitez.



Os invitamos a perderos entre los paisajes del vino y la tradición, a recorrer cada rincón sin prisas, con la certeza de que, a apenas unos pasos, os aguarda la hospitalidad serena de un gran hotel.



Porque al final, es ahí —en los detalles sencillos, en los gestos honestos y en los lugares que se viven despacio— donde se esconden los grandes momentos.





 
 
 

Comentarios


bottom of page